Carlos Azañedo (Madrid, 1990) es un artista contemporáneo español cuyo estilo personal y expresivo combina la figuración y la abstracción.
Azañedo crea paisajes imaginarios en los que trabaja el color, la luz, el movimiento y la perspectiva para dar lugar a composiciones complejas y evocadoras.
Se licenció en Arquitectura con la máxima calificación, Matrícula de Honor, formación que ha influenciado enormemente su obra. Azañedo ha desarrollado desde entonces una trayectoria artística internacional, con exposiciones de su trabajo en Estados Unidos, Japón y Europa.
En 2017, el Museo Municipal de Osaka (Japón) le concedió la medalla de honor de la fundación GEN TEN y adquirió obra suya para ser expuesta de forma permanente. Poco después, Azañedo realizó su primera exposición individual en una galería de arte en Madrid. La trayectoria profesional de Azañedo ha continuado desde entonces con la exposición de su obra en galerías de arte en Reino Unido, Estados Unidos y España. Sus últimas exposiciones individuales han tenido lugar en Los Hamptons (Nueva York), Los Ángeles (California) y Madrid (España).
Su obra se ha centrado en gran medida, ya desde sus comienzos, en el paisaje urbano, y a través del color ha explorado y desarrollado diferentes series en las que pretende capturar la atmósfera y fugacidad de las ciudades contemporáneas. Mediante pinceladas rápidas y precisas, plasma un instante en el que el observador puede sentirse dentro del escenario y apropiarse de sus ciudades para sus propios recuerdos y vivencias.
En los últimos años, Azañedo también ha comenzado a explorar nuevas líneas de trabajo basadas en temáticas diferentes, como la naturaleza, los motivos florales, los ambientes festivos y la tauromaquia, entre otros. En estas pinturas se puede reconocer igualmente la fuerte expresividad de Azañedo a través del color y de su pincelada. El artista mantiene su interés por conceptos como el movimiento, los reflejos y la perspectiva, y en ellas explora diferentes paletas de color, todo ello para conseguir la abstracción de las formas en composiciones complejas. De este modo, toda la obra de Azañedo comparte un mismo lenguaje compositivo y conceptual.
Asimismo, todas sus pinturas nacen de la memoria y la experiencia: son espacios construidos a partir de vivencias personales, fragmentos de viajes y emociones que el artista recompone en la intimidad de su estudio. A través de su pintura, Azañedo pretende reflejar la complejidad y esencia del mundo que le rodea, representando el movimiento y la fugacidad de lo contemporáneo.